El Plan Nacional de Inteligencia Artificial debería ser lectura obligada para la abogacía mexicana. No porque vaya a sustituir abogados, sino porque está cambiando el terreno sobre el que vamos a ejercer: el Estado utilizará cada vez más algoritmos, datos y sistemas de IA para administrar, fiscalizar y tomar decisiones. Y al mismo tiempo vendrán nuevas reglas, derechos y responsabilidades jurídicas.
🔴 Formarnos en IA. Ya no basta conocer leyes y jurisprudencia. Tendremos que entender cómo funcionan los sistemas que vamos a contratar, regular, defender o impugnar.
🟠 Dominar el nuevo compliance algorítmico. Transparencia, explicabilidad, proporcionalidad, no discriminación, supervisión humana y sistemas de alto riesgo serán nuevos territorios jurídicos.
🟡 Entender datos y privacidad. La IA pública depende de enormes bases de información. Finalidad, seguridad, perfilamiento, datos sensibles y responsabilidad estarán en el centro del debate.
🟢 Aprender a impugnar algoritmos. Si SAT, aduanas u otras autoridades utilizan IA, el abogado tendrá que preguntar: ¿qué datos usó?, ¿qué modelo?, ¿por qué llegó a esa conclusión?, ¿quién supervisó?, ¿cómo se controvierte?
🔵 Rediseñar contratos. Propiedad de datos, entrenamiento de modelos, confidencialidad, auditorías, errores, ciberseguridad, propiedad intelectual y responsabilidad tendrán que negociarse expresamente.
🟣 Prepararnos para la prueba algorítmica. Logs, bases de datos, modelos, tasas de error, trazabilidad y peritajes tecnológicos empezarán a entrar a expedientes y tribunales.
⚫ Trabajar con ingenieros, científicos de datos y expertos en ciberseguridad. El litigio tecnológico será necesariamente multidisciplinario.
La conclusión es incómoda pero inevitable: el abogado que sólo sepa Derecho va a empezar a quedarse corto. El abogado que entienda Derecho, tecnología, datos y derechos fundamentales tendrá frente a sí uno de los campos profesionales más grandes de las próximas décadas.
Aquí se puede consultar el plan en su totalidad:
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