Lo digo sin acritud, don
@Tebasjavier: tápese un poco. Si va a lo suyo, no da para presentarse como fontanero de Europa.
Lo del City no le absuelve de Barça Studios. ¿Lo recuerda? En 2022 LaLiga aceptó, a 30 de agosto y ante notario, un activo tasado en unos 400 millones. Se anunciaron 200 por el 49%; a caja, al inicio, una fracción. Con ese papel se inscribieron Lewandowski, Raphinha y Koundé, y se ganó una Liga. Los auditores lo dejaron en torno a 178. Usted lo dijo: «Estaba firmado ante notario; LaLiga no podía decir que no era cierto». Eso no es control. Es fe registral al servicio de una plantilla.
Las goteras siguieron. Sixth Street: 25% de la TV a 25 años, caja real y unos 40 millones de peaje al año hasta 2047. Palcos VIP de un estadio inacabado para Olmo y Pau Víctor: se aceptaron, se invalidaron y se reaceptaron. Avales de junta. Norma 1:3. Origen: la reformulación de 2021, más de 500 millones de pérdidas en un ejercicio. Congo: 44 millones en cuatro años —11 por temporada— de un Estado en guerra, lema en el chándal, «Casa de la RDC», denunciado ante Anticorrupción. El club lo vendió como 1:1. En Mánchester usted habló de patrocinios fuera de mercado. Aquí tenía la prueba y el límite pasó de 433 a 583 millones. Dice que no importa la deuda —unos 2.000 millones— sino la capacidad de pago. El sermón a la Premier empieza por la caja que no llegó.
Eso no es ajeno al fair play: es quién lo aplica. El FFP decide qué ingreso suma y qué ficha sale. Quien interpreta esas NEP es el mismo que recusó por la Superliga y resolvió su propia recusación —el Supremo anuló el apartamiento en el órgano audiovisual—. El mismo que diseñó CVC, cobró cerca de 3,3 millones al año por presidir ese edificio y tiene incentivo a que su modelo gane el relato. El acercamiento a Laporta y la guerra con Florentino marcan cuándo se acepta un notario sin caja y cuándo se predica rigor.
@realmadrid queda donde toca: no como consigna, sino como el club al que no se aparta por decreto propio. Los intereses no son abstractos. Son el mapa de cómo se sostiene, o no, la igualdad de la norma.
Pregunto, no afirmo: ¿cuánto se cobró de lo anunciado, si hay quien suma más de 1.000 millones entre papel, plusvalías y plazos? ¿Qué son transferencias de la LNFP a cuentas particulares —1.100 € y 100 €— sin concepto público?
Usted es abogado. Las NEP solo computan ingreso cierto, devengado y cobrable. ¿Lo era Studios, con título notarial, cobro incompleto y ficha de Lewandowski? ¿Lo eran los VIP, si el auditor no los reconoció y Olmo siguió? ¿Lo es el contrato soberano del Congo, 44 millones, o debió pasar el control de mercado que usted pidió en 2017? La regla del 75% llegó después: si no se cobra, no suma. ¿Por qué no antes? El art. 92 autoriza avales; no declara equilibrio. UEFA FFP y las PSR miran partes relacionadas y patrocinios de Estado. ¿Los aplicó LaLiga al papel de agosto, a los VIP y al Congo?
Esto no va de hablar de la Premier, no es un principio oponible. Es un acto propio. Y el acto propio no autoriza el cinismo.
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En septiembre de 2017, en Soccerex, en Manchester, denuncié públicamente algo que llevaba tiempo preocupándome: el llamado dopaje financiero en el fútbol europeo.
Hablé del Manchester City y del PSG. De clubes cuya capacidad económica no procedía únicamente de su actividad ordinaria, sino también del respaldo de enormes recursos externos. De patrocinios cuya valoración considerábamos alejada de la realidad de mercado. Y de las consecuencias que ese modelo podía provocar en todo el ecosistema: inflación de salarios, fichajes y costes que después terminaban soportando también los demás clubes.
Decirlo tuvo consecuencias.
El Manchester City calificó públicamente mis declaraciones de “ill-informed” y “pure fiction” y anunció que estaba estudiando acciones legales contra mí.
No fue agradable. Tampoco fue la primera ni sería la última vez que defender determinadas posiciones me genera amenazas, críticas y muchos disgustos.
Pero tres años después ocurrieron cosas que conviene recordar.
En febrero de 2020, UEFA sancionó al Manchester City con dos temporadas fuera de sus competiciones y una multa de 30 millones de euros después de concluir que se habían producido graves infracciones de las reglas de control financiero, entre ellas cuestiones relacionadas con la presentación de determinados ingresos por patrocinio.
Después llegó el TAS.
En julio de 2020 dejó sin efecto la exclusión europea. Parte de las conductas fueron consideradas prescritas y otras no suficientemente acreditadas con el estándar de prueba exigido. Sí mantuvo que el Manchester City había incumplido su obligación de cooperación con la investigación de UEFA y confirmó una sanción económica, reducida a 10 millones de euros.
Nunca compartí aquella “extraña” resolución.
Para mí supuso un antes y un después en la credibilidad del TAS como órgano arbitral independiente del deporte.
Me pareció una decisión profundamente equivocada, extraordinariamente dañina para la credibilidad del sistema de control económico del fútbol europeo y difícil de conciliar con un principio que considero esencial: las mismas reglas deben aplicarse a todos.
Por eso, cuando recuerdo aquella intervención de 2017 y todo lo que vino después, no lo hago para decir “ya lo advertí”.
Lo hago porque esta historia explica bastante bien una batalla que llevo muchos años librando.
La sostenibilidad económica no es burocracia.
El control financiero no es un capricho.
Y defender que los clubes compitan fundamentalmente con los recursos que son capaces de generar tampoco significa estar contra ningún club concreto.
Es defender un modelo.
Un modelo en el que el éxito deportivo no dependa de quién tenga detrás el respaldo financiero más poderoso, sino de quién gestione mejor, genere más recursos, construya mejores equipos y respete las mismas reglas que los demás.
Defender esta posición me ha costado muchas críticas y no pocos disgustos.
Pero sigo pensando exactamente lo mismo que en Manchester en 2017.
Hay principios que merece la pena defender aunque tengan un coste.
Y este, para mí, es uno de ellos.
Ahora, casi nueve años después de aquellas palabras en Soccerex, una comisión independiente de la Premier League ha considerado probadas, según las informaciones publicadas, 114 de las 115 infracciones financieras imputadas al Manchester City.
Todavía queda camino. Falta conocer la sanción y el procedimiento no ha terminado.
Pero lo ocurrido vuelve a demostrar por qué el control económico, la transparencia y unas reglas iguales para todos son imprescindibles para proteger la integridad y la sostenibilidad del fútbol.
Seguiremos defendiendo esos principios. Como en 2017.