Cada semana cierra una fábrica, una PyME baja la persiana o una economía regional queda a la deriva. Detrás de cada uno de esos casos hay familias que se quedan sin trabajo.
No es casualidad: es un gobierno que no cree en la producción ni en el trabajo argentino. Ordenar las cuentas era necesario, pero un país no se sostiene con planillas de Excel. Se sostiene produciendo.
Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. Pero el tiempo se acaba.
Esto es parte de una entrevista en abril del año pasado. Hoy la producción argentina está mucho peor.