La culpa de que no me vaya a la privada la tiene un cirujano cocainómano.
Hay una pregunta que me hacen bastante:
- Inés, con todo lo que tienes en redes, ¿cómo no te montas una consulta privada?
Yo me río, y el lunes vuelvo a fichar en mi hospital público. Porque sí, estoy en la publica por convicción. Aunque gane menos.
Pero que conste, no tengo nada contra la privada. Pienso que lo mejor es que ambas convivan y se complementen. Ademas de que hay profesionales buenísimos a las dos, como en cualquier oficio.
Aunque yo soy de la pública. Cuando decido si te opero, en esa decisión solo cuentan la evidencia, y mi criterio se respeta.
Luego está lo de los residentes. Aquí viene la historia. En a primeros del XIX, William Halsted diseñó la residencia quirúrgica moderna. Los aprendices vivían dentro del hospital (de ahí lo de "residentes"), disponibles día y noche. El detalle es que Halsted llevaba años enganchado a la cocaína. Luego vino la morfina (no dejéis de ver The Knick).
Parte de aquel modelo sobrevivió. Las guardias eternas y sobre todo la convicción de que "se aprende sufriendo", el adjunto que humilla porque a él también le humillaron. Halsted, que descanse en paz. Su manera de formar, que se jubile.
Mi residencia fue de todo menos agradable. Me guardo los detalles. Precisamente por eso siento que les debo algo a los que vienen detrás: una formación donde aprender no pase por agachar la cabeza, decir "buen trabajo" cuando se merece.
La privada forma cada vez más, bienvenido sea. Pero hoy la gran mayoría de los médicos del futuro se está formando en hospitales públicos.
Este sistema, con sus goteras, me hizo lo que soy. Me toca devolverle el favor.
Por favor, hagamos por salvar la pública.
#LaTraumatologaGeek