📌Miro a esos niños y me pregunto cuántas veces habrá llegado el Estado a sus vidas antes de hacerlo con hombres armados.
Desconozco sus historias, sus circunstancias e incluso si alguno ha sido captado por las estructuras del crimen organizado. Pero hay algo que sí tengo claro… los niños necesitan educación, mientras el Estado abandona la escuela pública; necesitan atención médica, mientras el sistema de salud se deteriora; necesitan espacios de recreación, oportunidades y referentes que les permitan imaginar un futuro distinto.
Y, sin embargo, el Estado parece encontrar su mayor diligencia cuando se trata de enviar hombres armados a intimidarlos, humillarlos y golpearlos.
Qué imagen tan miserable la de quienes, revestidos de autoridad, confunden la fuerza con la brutalidad y el uniforme con una licencia para ejercerla.
Después de Las Malvinas, deberíamos haber comprendido que la violencia estatal contra la infancia no admite indiferencia.
Me niego a aceptar que esta sea la imagen de nuestras
@FFAAECUADOR. Su honor no puede quedar a merced de individuos que degradan el uniforme que llevan.
Una institución no se honra encubriendo la barbarie, sino impidiendo que quienes la ejercen sigan actuando en su nombre.
“Córtale el dedo”. El niño llora. Le golpean la cabeza, le tiran del cabello y se ríen.
Muy bravitos con los niños, sumisos con los capos.
Los uniformados les ordenan cantar. Les piden «Rulay». A otro niño, más pequeño, lo llaman gordo y le piden que cante «Los pollitos». “Ahí sí sabes”, le dicen, y vuelven a golpearlos. Los niños obedecen con miedo. Los militares se divierten.
Castigan su pobreza con golpes y burlas.
Esto es crueldad ejercida desde el poder, con uniforme y armas del Estado. Humillan a quienes deberían proteger y convierten el miedo de unos niños en un espectáculo para su diversión.
Ecuador ya conoce las consecuencias de la brutalidad militar contra la niñez. Josué, Ismael, Steven y Nehemías, los cuatro niños de Las Malvinas, fueron desaparecidos, torturados, por militares. Sus cuerpos fueron encontrados calcinados. Ni siquiera ese horror ha bastado para detener los abusos.
Vimos a militares jugando en un carrito rojo en la casa donde capturaron a alias Fito, líder de Los Choneros, como si la Seguridad Nacional fuera un juego. Ahora los vemos golpeando a niños en las calles.
El ministro de Defensa y los mandos militares deben dar la cara. La Fiscalía debe investigar no solo a quienes presenciaron, también a quiénes lo permitieron y encubrieron.
📌 La pobreza no convierte a un niño en enemigo del Estado. El uniforme no convierte a un abusador en héroe. Y ningún discurso de seguridad justifica esta cobardía.
Estaré pendiente de las sanciones, miserables agresores.
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