De la larga declaración del "Alto Funcionario del Departamento de Estado" (alterego de Marco Rubio) se desprenden varios factores de importancia que conviene analizar a detalle:
- El documento es claramente una maniobra de control de daños por el regreso de María Corina Machado. No obstante, sería muy ingenuo pensar que, producto de su performance lumínico con caravana incluida, la Casa Blanca ha modificado su cálculo central en Venezuela. Ya están en desarrollo las midterms en EE.UU. y poner sobre la mesa la cuestión electoral (la principal demanda de Machado, postergada una y otra vez por el propio Trump) es un gesto bien valorado por los republicanos del sur de Florida, quienes tienen el cortizol al máximo al ver encuestas que no les favorecen en los distritos donde el voto latino es clave.
- Pero reposicionar el tema electoral no es lo mismo que indicar una fecha. De hecho, en la declaración no se afirma taxativamente ningún periodo en concreto y, si se lee con detenimiento, tampoco puede asumirse que la designación/reformateo de un nuevo CNE sea el paso previo inmediato de una elección presidencial. Se agregan múltiples variables no electorales (aparato de seguridad, economía, etc.) que son fácilmente manipulables y prorrogables, y que no dependen en última instancia del CNE.
- Dicho esto, creo que Rubio está operando en un equilibrio precario, sumamente frágil: mientras busca salvar su imagen pública ante la oposición y factores republicanos que piden rematar al chavismo, crea un amplio margen de opciones para que Trump pueda extender en el tiempo su lucrativa alianza con Miraflores. Expresado de otro modo: penaliza previamente a Machado si su interés es "descarrilar" el diálogo Rodríguez-Figuera, pero le concede el horizonte creíble de una elección donde él, a su vez, se beneficia personificando la agenda de la "transición democrática" en función de sus intereses presidenciales.
- Esto nos lleva al vértice crítico del equilibrismo de Rubio: el propio interés de Trump. La Venezuela post-Maduro es el único logro real en política exterior que puede exhibir el señor feudal de Mar-a-Lago. Tras el sonoro fracaso en Irán, el país caribeño forma parte central de lo que considera su legado. Y dicho legado no es la "transición democrática", sino una Venezuela sometida a su corolario a la Doctrina Monroe. Muy probablemente desee abandonar la Casa Blanca como lo hizo Theodore Roosevelt en 1909: con Venezuela reconquistada tras la caída de Castro, el Canal de Panamá bajo influencia norteamericana y un Caribe atemorizado por un Big Stick que azotó con virulencia a República Dominicana y a Cuba.
- Cumplir esa meta implica sostener al gobierno venezolano en el poder el mayor tiempo posible, lo que le garantiza grandes réditos energéticos, económicos y geoestratégicos que difícilmente Machado pueda superar. Su caravana y puesta en escena no cambiaron el cálculo de Trump; solo supuso un obstáculo reputacional que el "virrey" Rubio tuvo que salir a gestionar rápidamente. En definitiva, el jefe de Foggy Bottom es su subordinado y Trump, cada vez que pueda, le recuerda su condición de parachoque en momentos de crisis.
- Por último, para no quedar mal con su jefe, Rubio entrampa a Machado: al mismo tiempo que le alerta del costo que sufrirá si se sale de la línea, no le otorga una fecha precisa. Es decir, delimita su margen de acción para insistir en esa demanda, pero le otorga un juguete narrativo para que se distraiga. Así, busca quedar bien con Dios y con el diablo, ofreciéndole a Trump un rosario de procedimientos circulares y manipulables que puede aprovechar para prorrogar lo electoral. El secretario también obtiene margen para reafirmar que él está con la "transición democrática", recicliando las veces que sean necesarias la declaración emitida ayer.
- El otro gran tema, aún abierto, son los costos políticos que asumen gobierno y oposición por igual; los primeros por su alineamiento con Trump; los segundos por su cada vez más palmaria irrelevancia. Algunas encuestas van mostrando que la desaprobación de Miraflores sube al mismo ritmo que la de Machado (aunque está en una mejor posición relativa), consolidando un interesante polo de independientes y escépticos con respecto a los bloques políticos dominantes. Esa variable, hasta ahora, es impredecible en su comportamiento, implicaciones y alcances. Pero es ahí donde ambos buscarán ganar espacio y puede que la carta de Trump valga muy poco como activo político, que es lo único que realmente tienen. Una nueva subjetividad política puede pasarle a todo el mundo por izquierda o por derecha. Ya pasó en los 90, cuando una élite sin brújula pensaba que tenía todo bajo control.