Se equivocó el gobernador de época, de país y, sobre todo, de pueblo y, obligado por las movilizaciones en Guadalajara y la ola de indignación nacional, tuvo que recular.
Aquí solo una minoría ignorante y fanatizada que comulga con las ruedas de molino con las que la alimentan la comentocracia y las granjas de bots de la ultraderecha, cae seducida, como en Argentina, Colombia o Chile, en manos de esos megalómanos a los que no les tiembla el pulso.
Aquí amamos la libertad por la que tanto hemos luchado y tan alto precio hemos pagado. Aquí, a la represión, a personajes que se atreven a ordenarla, como Pablo Lemus, les hemos marcado el alto.
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