El problema de *algunos* venezolanos (así, sin generalizar) es que quieran, como es clásico de la izquierda, sugerir que nuestra desgracia no tiene origen en la izquierda. Porque, una vez demostrado que el chavismo ha sido solo barbarie y miseria, “eso no fue verdadero socialismo”. Y, sí, sí lo fue. La receta que nos condenó fue exportada desde Cuba. De hecho, todavía lo es, aun cuando hoy, para sobrevivir, se disfracen –ahí sí, un disfraz– de capitalistas y promercado. El chavismo ha sido una tiranía criminal estalinista. Una que creó, como describió Milovan Đilas del comunismo al cual perteneció, una “nueva clase”.
En efecto, se debe entender que nada es absoluto. Que la izquierda no es “mala” por ser izquierda ni la derecha “buena” por ser derecha. Pero “nuestro trauma” tiene todo el sentido del mundo, pues salvo excepciones –que solo confirman la regla–, la izquierda mundial no solo no nos apoyó en nuestra lucha por la democracia, sino que ha sido parte de nuestro sometimiento, como quedó claro con el “tráfico” de presos políticos de Rodríguez Zapatero, la propaganda proveniente de Brasil, la alianza –y financiamiento– al PSOE, a Podemos, al kirchnerismo, a grupos guerrilleros de Colombia, a Gustavo Petro y a grupos “sociales” y organizaciones de izquierda en el mundo; esos que hacían lobby para negar lo que nosotros denunciábamos sobre los crímenes de lesa humanidad.
Dejen de querer decirles a los venezolanos qué pensar y qué sentir. A todos; los que siguen padeciendo a esos criminales socialistas en Venezuela y a los millones que tuvieron que huir de ellos, como antes se huyó de la Alemania comunista y como llevan décadas huyendo de Cuba.