La paradoja de la yihad
25 años después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos y tres años después de la masacre del 7 de octubre en Israel, los líderes del terrorismo pueden estar satisfechos: cuanto más brutal y sangrienta es la yihad, cuanto más destrucción y muerte provoca, más crece el odio hacia Occidente dentro del propio Occidente, impulsado tanto por miles de millones provenientes de Catar como por el adoctrinamiento en los campus universitarios.
No se trataba de una lucha que debiera librar únicamente Israel. Debería haber sido una lucha del mundo musulmán —que es precisamente una de las principales víctimas de las organizaciones yihadistas— y del mundo libre. Pero no ocurrió así. Los Hermanos Musulmanes, de los que surgieron buena parte de los movimientos yihadistas, son perseguidos en numerosos países árabes que comprenden el peligro, mientras que en Occidente su influencia continúa expandiéndose.
La yihad continúa sembrando muerte, especialmente en África y el Sahel: Mali, Chad, Nigeria y otros países. Según las cifras citadas en el artículo, durante el último cuarto de siglo 320.405 personas fueron asesinadas en atentados terroristas. Pero las víctimas de la yihad no se limitan a los atentados: las guerras prolongadas en Sudán, Somalia, Libia y otros lugares también han dejado millones de muertos y refugiados.
La paradoja en toda su crudeza
La mayoría de los focos de violencia no tienen relación alguna con Estados Unidos o Israel. Sin embargo, cuanto mayor es la destrucción provocada por la yihad y cuanto más declara Hamás su intención de destruir a judíos y cristianos y conquistar el mundo, más aumenta el odio hacia Estados Unidos, Israel y Occidente dentro del propio Occidente.
No hay manifestaciones por los millones de muertos y refugiados. Tampoco parece generar la misma reacción el sufrimiento en Yemen, Sudán y otros países. El autor resume esta percepción con una frase: «No Jews, No News».
Según el artículo, un estudio de la Universidad Brown calcula que desde 2001 unas 4,5 millones de personas han muerto como consecuencia de las guerras posteriores al 11 de septiembre, la mayoría en países musulmanes. El autor compara esa cifra con los aproximadamente 75.000 muertos en Gaza que atribuye a los datos de Hamás y sostiene que la atención de las protestas occidentales se concentra desproporcionadamente en Israel y Estados Unidos.
La radicalización llega a la política
El autor sostiene que esta tendencia tampoco permanece confinada a los campus universitarios. Señala declaraciones y posiciones de políticos occidentales, así como el crecimiento de movimientos y organizaciones que, según diversos informes citados, mantienen vínculos ideológicos o políticos con el islamismo.
También menciona informes sobre la expansión de los Hermanos Musulmanes en instituciones occidentales y cita un informe británico que señala su apoyo a Hamás y al terrorismo.
El artículo sostiene que Turquía y Catar han aumentado su influencia en Occidente y cuestiona la relación de los gobiernos occidentales con ambos países. También critica la influencia de Catar en universidades estadounidenses.
«El gran Satán» y «el pequeño Satán»
La ideología iraní considera a Estados Unidos «el gran Satán» e Israel «el pequeño Satán». El autor sostiene que esta visión ha penetrado en algunos campus estadounidenses a través de determinados programas académicos.
Cita una investigación según la cual el 91,73 % de los estudiantes estadounidenses encuestados consideraba que quienes expresaban opiniones patrióticas o favorables a Occidente eran juzgados negativamente en sus campus. También menciona otro estudio que encontró una orientación marcadamente antisionista en determinados cursos sobre el conflicto israelí-palestino.
De los campus a la política
Según el autor, las ideas presentes en determinados sectores universitarios terminan llegando a la política. Menciona a Zohran Mamdani, Abdul El-Sayed, Tucker Carlson y Hasan Piker como ejemplos de figuras que, desde distintas posiciones políticas, han expresado posturas que el autor considera hostiles a Occidente o favorables a determinadas corrientes islamistas.
La tesis final del artículo es contundente: 25 años después del 11 de septiembre y tres años después del 7 de octubre, el mundo libre estaría cediendo terreno ante la ideología yihadista. La pregunta, según el autor, es si Occidente reaccionará antes de que sea demasiado tarde.
Ynet.