La lección que nos deja el socialismo es que en sólo ocho años puedes pasar de tener una de las mejores redes ferroviarias del mundo a literalmente morir en ellas.
Detrás de cada gota de sangre española están la red de cargos afines que colocó Zapatero en el ministerio de Transportes, la cocaína y las prostitutas que contrataron Koldo y Ábalos con dinero público, el rescate corrupto de Plus Ultra, los insultos y las risas de Óscar Puente, la invasión migratoria que ha colapsado los trenes o los 1.500 millones que Sánchez ha destinado a Marruecos, Egipto y Uzbekistán para que modernicen sus vías.
Todos deben acabar en prisión y no volver a pisar la Moncloa.