El retorno de la religion:
“Una lección de la historia es que la religión tiene muchas vidas y la costumbre de resucitar. ¡Cuántas veces, en el pasado, han muerto Dios y la religión para volver a nacer! Akenatón empleó todos los poderes de un faraón para destruir la religión de Amón; al cabo de un año de su muerte, el culto de Amón estaba restaurado. El ateísmo campaba por sus respetos en la India de la juventud de Buda, y el propio Buda fundó una religión sin dios; tras su muerte, el budismo desarrolló una teología compleja que incluía dioses, santos e infierno. La filosofía, la ciencia y la educación despoblaron el panteón helénico, pero el vacío atrajo una docena de fes orientales ricas en mitos de resurrección. En 1793, Hébert y Chaumette, interpretando mal a Voltaire, instauraron en París el culto ateo de la Diosa de la Razón; un año después, Robespierre, temeroso del caos e inspirado por Rousseau, estableció el culto del Ser Supremo; en 1801, Napoleón, versado en historia, firmó un concordato con Pío VII que restauró la Iglesia católica en Francia. La irreligión de la Inglaterra del siglo XVIII desapareció bajo el compromiso victoriano con el cristianismo: el Estado aceptó sostener a la Iglesia anglicana y las clases cultas amortiguaron su escepticismo, con el entendimiento tácito de que la Iglesia aceptaría su subordinación al Estado y el párroco serviría humildemente al terrateniente. En América, el racionalismo de los padres fundadores dio paso a un renacimiento religioso en el siglo XIX.”
Will y Ariel Durant, En Las lecciones de la Historia, explican que la religión tiene una resiliencia única porque responde a necesidades humanas que la ciencia, la razón y el laicismo secular simplemente no pueden satisfacer. El retorno de la religión no sería una anomalía sino una ley histórica.