Xi Jinping nombra a MAGA y lo pone al mismo nivel que el sueño chino.
El presidente de China, Xi Jinping, acaba de hacer algo que casi nadie esperaba: reconoció de frente el objetivo de Donald Trump. No lo esquivó. No lo suavizó. Lo dijo con todas las letras.
“El presidente Trump se ha comprometido a hacer que América sea grande de nuevo y a permitir que el pueblo estadounidense logre avances significativos.”
Luego fue más lejos y comparó esa meta con el proyecto más sagrado de Pekín: el gran rejuvenecimiento de China.
“China está comprometida con lograr una gran rejuvenación nacional y la modernización china sigue abriendo nuevos caminos.”
El golpe final fue este:
“Estos dos objetivos son ambiciosos y seguramente pueden reforzarse mutuamente. China y Estados Unidos deben actuar como grandes países responsables, cumplir con las expectativas de nuestros pueblos, mantener el paso con la tendencia de nuestra época y explorar un nuevo enfoque para que los grandes países se lleven bien entre sí.”
En clave política, el mensaje es simple: MAGA y el rejuvenecimiento chino no tienen por qué chocar. Pueden avanzar en paralelo.
Dos potencias. Dos eslóganes. Un mismo cálculo: si se pelean, ambos pierden; si se entienden, ambos ganan.