ATENAS NOMBRÓ AL ENEMIGO, Y NO SE CONFUNDÍA.
El 6 de octubre, mientras Marco Rubio elogiaba a Grecia como pilar de estabilidad, miles de personas estaban en Syntagma y en otras ciudades, convocadas por los sindicatos, el PAME y el KKE, y lo que pedían no era un aumento sino que el país dejara de ser muelle. Las consignas fueron claras:
@SecRubio no es bienvenido, fuera las bases de la muerte, ni tierra ni agua a los asesinos de los pueblos. La policía prohibió las concentraciones, cortó el camino a la embajada de Estados Unidos y lanzó químicos, y aun así un grupo llegó a las puertas y el mensaje cruzó el cordón.
Lo que se negociaba adentro no era amistad sino inventario: cazas F-35, F-16 convertidos en Viper, un memorándum con la Guardia Nacional de Florida, gas licuado estadounidense rumbo a los Balcanes y exploración de Chevron y ExxonMobil al sur del Peloponeso, en Creta y en el Jónico. El mismo gobierno que dice no tener para maestros y pensiones va camino de gastar cerca del 5 % del PIB en defensa, de modo que la estabilidad tiene dirección: es Washington, y la factura también, Atenas.
Un pueblo que reconoce la base, el caza y el contrato petrolero no está confundido, está cansado de que le llamen soberanía al alquiler de su territorio.