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As a Latino, I’m disappointed that Xavier Becerra has sometimes chosen to pander to us Latinos rather than simply tell the more complicated, and far more interesting story of who he is.
Mexican identity cannot be reduced to a single race or ancestry. Our culture developed over centuries from Indigenous peoples, Spaniards, later immigrants, and generations of families whose lives crossed borders long before our modern political narratives existed. For those of us descended from some of the earliest Spanish families in Mexico, Indigenous ancestry may also form part of our genealogy, sometimes substantially, sometimes as a relatively small branch. We should embrace it wherever the records lead, but we should not simplify our identity for political convenience.
That is what makes Becerra’s documented family history so interesting. His first three generations reveal a family that moved repeatedly between Mexico and California, a genuinely transborder family history, rather than the simple immigrant narrative so often presented publicly. His father, Manuel Guerrero Becerra, was born in Sacramento in 1928; the family later returned to Mexico and eventually came back to California. His maternal family likewise reflects movement between the two countries.
I’ve now traced portions of Becerra’s ancestry back to the 1400s, and the research produced an unexpected discovery: Xavier Becerra and I are distant cousins, 12th cousins once removed. It is a distant relationship, certainly, but we share common ancestry within those older family lines.
There is nothing about this history that needs embellishment. It is Mexican-American history in all its complexity, and I think it is far more compelling when we simply let the records speak.
Como latino, me decepciona que Xavier Becerra haya optado en ocasiones por congraciarse con nosotros, los latinos, en lugar de contar simplemente la historia más compleja, y mucho más interesante, de quién es realmente.
La identidad mexicana no puede reducirse a una sola raza ni a un único origen. Nuestra cultura se desarrolló a lo largo de siglos a partir de los pueblos indígenas, los españoles, inmigrantes posteriores y generaciones de familias cuyas vidas atravesaron fronteras mucho antes de que existieran nuestras actuales narrativas políticas. Para quienes descendemos de algunas de las primeras familias españolas que llegaron a México, la ascendencia indígena también puede formar parte de nuestra genealogía, a veces de manera considerable y otras como una rama relativamente pequeña. Debemos reconocerla y abrazarla allí donde nos conduzcan los documentos, pero no debemos simplificar nuestra identidad por conveniencia política.
Eso es precisamente lo que hace tan interesante la historia familiar documentada de Becerra. Sus primeras tres generaciones revelan una familia que se desplazó repetidamente entre México y California: una historia familiar genuinamente transfronteriza, en lugar de la sencilla narrativa de inmigración que tantas veces se ha presentado públicamente. Su padre, Manuel Guerrero Becerra, nació en Sacramento en 1928; posteriormente, la familia regresó a México y, con el tiempo, volvió a California. Su familia materna refleja igualmente movimientos entre ambos países.
He logrado seguir algunas ramas de la ascendencia de Becerra hasta el siglo XV, y la investigación produjo un descubrimiento inesperado: Xavier Becerra y yo somos parientes lejanos, primos duodécimos una vez removidos (12th cousins once removed). Es, desde luego, un parentesco distante, pero compartimos antepasados comunes dentro de esas antiguas líneas familiares.
No hay nada en esta historia que necesite adornarse. Es historia mexicano-estadounidense en toda su complejidad y, a mi juicio, resulta mucho más convincente cuando simplemente dejamos que hablen los documentos.
@anthonycabassa @haileyggomez @SteveHiltonx